No pienso en el silencio,
en el pasado que hora calla,
y que encuentro en cada paso,
mirándole
dentro de la desnudez
en cada piedra,
mentes dentro de otra mente,
mis mentes antes extraviadas.
¿Quién tiene el control de su vida?
-Pregunto como aspaviento-
No importa,
estamos extraviados ,
buscamos o esperamos ,
nos encuentran o encontramos.
¿Amos o esclavos?
la misma miasma.
Prefiero hombre libre.
Soy medio escena,
aire frío y palabras.
Aquello nuestro
¿Lo es, legítimo entonces?
Mejor así,
claridad amarga,
reconfortante nube
elevándose.
Remolinos subconscientes.
Adivíname:
(ella),
la nada revienta
como dinero en los bolsillos.
Sumergirse en el vacío
no es barato,
pagas con el todo la nada.
Tengo un boleto
del tren en que voy,
de aquí: nadie baja.
¿Que mirar dentro?
el vacío reconforta.
Busco frenético,
aislado de mí,
ansioso por las calles.
Busco un mirar puro,
negro,
que no juzgue,
que tampoco calle
y sobre todo
que no muera matando.
Quizá la vida tiene ahora menos tiempo
y por ello, quizás ya no miro,
pero respiro,
(duelen los costados de la conciencia)
las costras se inflan
levemente
dejan ver sus ansias blancas,
ansias secas.
Polvo...
Polvo humo...
r e s p i r o
Hay tanto silencio…
la roca gime,
dentro
un dios
aprende su propia forma.
No pienso en el silencio,
vivo dentro.
Enrique Soberanes
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