Recuerdo:
te ví,
había oscurecido.
Una calle en la ciudad,
(la noche aquella se alarga como un recuerdo bello).
donde la niebla
Sobre las calles
otras casas, árboles, caminos,
la niebla como un prado,
dónde tu silueta
como un árbol.
Entonces:
ser deseo
encontrar refugio
entre tus pliegues.
Entonces:
mi aliento,
al jadear,
como la niebla,
deseo tanto el blanco de mi ser
sobre tu,
sonrisa,
sobre ti.
Quitarme el terrible frío
en ti como
bajo un árbol.
Un borroso árbol,
figura nebulosa,
en las calles donde hace frio,
pero dentro,
bebo el canto aquel
que hubo entre nosotros,
como pájaros nocturnos sobre los árboles.
Escondido
me llevas
dentro de labios,
corvas, cuencos.
Un lucero en cada mano,
sobre el vientre de la noche.
La noche ya viene.
La niebla moja la tierra.
Hacia delante,
mi deseo florece.
Entre mis muslos la noche y su lucero.
Enrique Soberanes.
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