Te toco
desde mi sangre
te toco.
Crece
en el aire
mi parpadeo
ante tus muslos
vivos.
Tus muslos,
cómo el mundo.
Cuerpo de salvajes socavones .
Del fondo de tu tierra
huyen mis pájaros,
y en tí,
la noche
poderosa
que cae
firme.
Mi sed,
mi ansia,
mi camino.
Te amo.
De ti
mi sed eterna.
Ábrete sexo,
de penumbra,
tu misterio
una flor
que en la pelvis
aloja sus raíces.
Ábreme
y deja escapar
sobre el aire tus muslos,
mis mundos rondando
tu sol negro.
Engulle
mis venas voraces
en la luz de tu ojo cóncavo.
Ilumíname,
no duermas,
faro mío
sobre tu cuerpo tempestad.
Te huelo
y
me tambaleas,
levántame con tus alas
de cálida vida.
Ábreme tu entresueño.
Hazte cascada,
tus cálidas mieles,
tiémblame
como árbol de viento
o perenne hormigueo
sobre un pozo de silencio.
Y tu boca,
tu boca de lengua luna
vibra sobre mí,
me diluye y evapora
como el fuego
a la vela de cera.
Camino tu boca muda,
sobre la hierba machacada,
y mientras ríes,
tu entrecortada voz
me estira la piel.
Entresilencios.
Tus piernas
me respiran
húmedas
desde el vientre tuyo
que ahora es nuestro.
Enrique Soberanes.
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