Clan de Memoria y Olvido

lunes, 18 de diciembre de 2017

Soy el último de un clan que se detenía a oler flores silvestres
aprendimos tarde que los rifles aparentan estar dormidos,
en su ciclópeos abismos nos miran
atentos a vomitar su dardo de lumbre y
a fuego: devorarle a la tierra las entrañas
ocultando los sitios de las masacres.

Soy el último cantor de antiguos, de ensoñadores,
guardo la lengua suave de mi pueblo,
tonadas tribales en deshabitadas bocas,
los pájaros gritan al día que ya viene
este es el primer día en la espera.

La luz y la sonrisa aquí son milagros,
veloces rostros entre el trajín de hierro
relámpagos rápidos y terribles, metal, roca fría,
la catártica tierra y sus huesos.
Esos ladrillos no provocan lo que el alma quisiera.

Las calles, que alguna vez pudieron ser hogar, se llenan de polvo,
ya no me siento seguro en la ciudad ni entre los hombres.
No entiendo este sitio ni sus ruedas que nunca parten ni llegan,
Solitario entre rebosantes multitudes de ¿hombres?,
el último de una tribu.


El Clan de la Memoria murió a manos del Clan de Olvido
una horda siniestra, semivestida, sometida y ruidosa.

Soy amanecer silencioso, fondo de laguna oscura.
sombra retirándose al alba de un sol que todo lo quema,
la hoguera de un fuego aciago.

Cuando me vaya, cerrare la puerta del sol,
tiraré mis cantos como flechas de lluvia
sobre el campo recién brotado de mi sueño.
¡Aho!



E.S.

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