Tu piel que me zarpa
las banquetas todas rotas.
Esta ciudad encarnizada que me desgrana sobre las banquetas.
¿Ya dije banquetas?
Y luego va con un puñado de rabias y dagas,
flujo interminable de respuestas,
todas encantadas, dispuestas a perseguirte necias.
Y te dejas herir con mi piel.
Tus zarpas,
bestias a la mano.
Tus puños,
trenes colgando.
Ahora mismo tus manos son abismos
en que me colmo con tu rabia.
Me limpian tus zarpas,
me persiguen en esta ciudad despellejada,
sobre las banquetas que se repiten.
Me acorralaron he incluso cruzaron detras, conmigo,
el monte de los gatos fracturados;
y ahora quietos
todos ellos
esperando preparados,
el abismo que se abrira del suelo.
Creo incluso que la piel tuya que me zarpa pliega mis heridas,
colma mi boca
y necia me persigue para llenarme la soledad.
De “Poemas para olvidar: sustratos de una muda conciencia”
Enrique Soberanes

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